LOS ROSTROS DEL CAMPO

Y el hombre, también, erguido sobre la misma tierra nutricia. Memoria alimentada por idénticas raíces. Piedra y agua y viento y soles trasmutados. Sangre y savia, savia y sangre. Y la mirada severa que germina en la luz negra reclamando lo que es suyo: la promesa de la trama y el envero, el zumo sublimado por los astros, el verde de la vida.

José Mª Juárez